Ceuta no puede quedarse sola
Ceuta es España. Y desde Navarra conviene recordarlo con claridad: defender la pluralidad y el autogobierno de nuestra tierra es perfectamente compatible con defender la unidad, la soberanía y la integridad territorial de España.
Lo sucedido en Ceuta no puede normalizarse. Una entrada masiva y organizada de personas a través de una frontera española constituye un fracaso que el Gobierno de Pedro Sánchez no puede esconder detrás de eufemismos, excusas ni cambios de relato. Fue una invasión.
Si el Ejecutivo tenía información previa sobre el riesgo, debe explicar por qué no actuó. Si no la tenía, debe explicar por qué fallaron sus mecanismos de prevención. Y si existen indicios de que Marruecos permitió o incluso facilitó parte de los movimientos, España debe a exigir explicaciones a su vecino, romper relaciones y defender los intereses españoles.
Lo que resulta inaceptable es la contradicción permanente: un día se niega el problema, al siguiente se culpa a terceros y, cuando aparecen nuevos datos, se modifica de nuevo el relato.
Tampoco tienen los ceutíes por qué pagar el precio de una política exterior que parece anteponer la comodidad diplomática a la defensa de una frontera española.
Desde Navarra sabemos que el respeto a las singularidades territoriales solo tiene sentido dentro de un marco de derechos y obligaciones compartidos. Y entre esas obligaciones está garantizar que cualquier español, viva en Pamplona, Tudela, Leiza o Ceuta, pueda confiar en que el Estado le protege.
Ceuta no pide privilegios, pide que España esté a la altura… y el Gobierno debe dar muchas explicaciones y, los responsables, dimitir.
