«Quien nos protege también merece protección»

Hay personas a las que solo recordamos cuando las necesitamos. Los policías son una de ellas.

Los vemos patrullando, regulando el tráfico, atendiendo una emergencia o interviniendo cuando algo se complica. Pero detrás de cada uniforme hay una persona. Alguien que también tiene una familia, que también tiene miedo y que, cuando termina su turno, quiere volver a casa como cualquiera de nosotros.

La diferencia es que, cuando nosotros intentamos alejarnos del peligro, ellos tienen que acercarse.

Cuando hay una pelea, una amenaza, un accidente o alguien necesita ayuda, llamamos a la Policía. Y ellos van. Sin saber exactamente qué se van a encontrar. Sin saber si aquella puerta que tienen que abrir esconde un peligro. Sin saber si volverán a casa sin un rasguño.

Por eso proteger a nuestros agentes no debería ser una cuestión política. Es una cuestión de sentido común y, sobre todo, de humanidad.

Podemos exigirles que cumplan la ley, que actúen correctamente y que respondan de sus actuaciones cuando sea necesario. Pero exigir responsabilidades nunca debería significar dejarles solos ni negarles los medios que necesitan para hacer su trabajo.

Porque un policía que se juega la vida por nosotros no es una figura abstracta. Es una persona. Es un hijo, una madre, un padre, una pareja, un hermano. Alguien que también espera volver a casa.

Y quizá deberíamos acordarnos más a menudo de algo muy sencillo: cuando nosotros estamos en peligro, ellos corren hacia allí mientras nosotros intentamos escapar.

Nos ayudan cada día. Y, en ocasiones, nos salvan la vida poniendo en riesgo la suya. Eso merece respeto. Y también protección.

Julen Sesma, Editor LaTribunaNavarra.com

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