Construir viviendas sí, pero pensando en quienes van a vivir en ellas

Navarra necesita vivienda. Mucha. Y especialmente vivienda que las familias y jóvenes puedan pagar. Por eso, de entrada, 6.000 nuevas viviendas en Sarriguren no deberían asustarnos. Al contrario: construir es necesario.

Pero hay algo que no deberíamos olvidar nunca: detrás de cada vivienda hay una persona, una familia, unos niños y una vida. Y ahí empiezan las dudas.

Porque llenar Sarriguren de nuevos vecinos no consiste solamente en levantar edificios. Hay que pensar en cómo van a vivir esas personas cuando las casas estén terminadas.

¿Habrá colegios suficientes? ¿Habrá médicos y centros de salud? ¿Habrá transporte público capaz de asumir el crecimiento? ¿Las carreteras podrán soportarlo? ¿Habrá instalaciones deportivas, zonas verdes y servicios públicos a la altura? ¿Habrá policías suficientes para garantizar la seguridad?. Muchas preguntas.

Los vecinos no necesitan únicamente una vivienda. Necesitan un lugar donde vivir bien. Donde estructurar sus proyectos vitales.

Por eso sorprende que un proyecto de esta dimensión pueda avanzar sin que, según denuncia UPN, el Ayuntamiento del Valle de Egüés haya recibido previamente toda la información necesaria. No debería ser tan difícil.

El Gobierno de Navarra tiene sus competencias y el Ayuntamiento tiene las suyas. Nadie debería cuestionarlo. Pero cuando se pretende transformar de esta manera el lugar donde viven miles de navarros (recordemos que Valle de Egüés es el tercer municipio de Navarra), lo mínimo que cabe esperar de las instituciones es que se sienten juntas, hablen y se escuchen.

Eso es la lealtad institucional. Y el Gobierno de Navarra no lo está practicando con el consistorio del Valle de Egüés.

Desde La Tribuna Navarra lo tenemos claro: hay que construir vivienda, sí. Pero hay que construir también pueblo.

Porque sería absurdo solucionar el problema de acceso a la vivienda creando, al mismo tiempo, problemas de colegios, tráfico, sanidad o transporte.

Sarriguren puede crecer. Navarra necesita crecer. Pero que crezca bien.

Y para eso, antes de poner ladrillos, hace falta algo mucho más sencillo: escuchar a quienes ya viven allí y trabajar con las instituciones que tendrán que atender a quienes lleguen.

Construir sí. Pero pensando en las personas.

Editorial La Tribuna Navarra

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