«La seguridad también es un derecho»
Hay cosas que no deberían tener que explicarse.
Que una persona pueda volver a casa tranquila. Que un padre no tenga que preocuparse cuando sus hijos salen por la puerta. Que una mujer pueda caminar sola por su barrio. Que un comerciante pueda cerrar su negocio por la noche sin preguntarse qué se encontrará al día siguiente.
Eso también es calidad de vida. Y eso también es Estado del bienestar. Por eso la seguridad tiene que volver a ocupar el lugar que merece en Navarra.
Lo ocurrido en la antigua ikastola Jaso es un ejemplo demasiado evidente. Este lunes, un hombre terminó en el hospital después de recibir una cuchillada en el pecho durante una pelea. La Policía Foral acudió al lugar y está investigando lo ocurrido.
Pero Jaso no es solamente lo ocurrido este lunes. Lleva demasiado tiempo acumulando conflictos, peleas con armas blancas, incendios y actuaciones policiales. El propio desarrollo urbanístico de Echavacoiz contempla su derribo, aunque los plazos previstos se han ido retrasando.
Y mientras tanto, los vecinos siguen viviendo con un problema delante de sus casas.
No podemos normalizarlo. Pero tampoco podemos mirar solamente a Jaso.
Porque Navarra necesita hablar seriamente de seguridad. De la seguridad en nuestros barrios, en nuestros pueblos, en nuestras calles y también de la seguridad de quienes tienen la responsabilidad de protegernos.
Y aquí queremos ser muy claros: la Policía debe contar con nuestro respaldo.
Cuando un agente entra en un lugar conflictivo, cuando interviene ante una agresión o cuando se enfrenta a una persona armada, no podemos exigirle que arriesgue su vida y después dejarlo solo.
Necesita medios. Necesita efectivos. Necesita formación. Necesita respaldo institucional. Y necesita tener la certeza de que las instituciones estarán detrás de él cuando tenga que actuar para proteger a los ciudadanos.
Porque al final, detrás de cada uniforme hay una persona. Alguien que también tiene familia. Alguien que también quiere volver a casa después de su turno. Hay personas que necesitan que alguien las proteja.
La seguridad no puede llegar siempre después del problema. Hay que actuar antes.
Por eso Jaso debe derribarse y el problema debe resolverse de una vez. Pero, sobre todo, hay que aprender la lección: cuando un espacio se convierte durante demasiado tiempo en un foco permanente de conflictos, las instituciones no pueden limitarse a intervenir cada vez que ocurre algo.
Hay que cortar el problema de raíz. Y hacerlo sin olvidar a nadie: ni a los vecinos, ni a las personas vulnerables que puedan necesitar una alternativa, ni mucho menos a los policías que están en primera línea.
Porque una Navarra segura no es una Navarra más dura. Es una Navarra en la que nadie tiene que acostumbrarse a tener miedo. Y eso, debería ser una prioridad para todos.
