«Más impuestos, peores servicios. El problema no es el sistema de bienestar, sino que esté mal gestionado»
Hay una cuenta muy sencilla que cualquier navarro entiende. Cada mes le quitan una parte de su sueldo. Cuando compra, paga impuestos. Cuando trabaja, paga impuestos. Cuando gana un poco más, también paga más.
Y ahora Hacienda Foral anuncia que hasta agosto ha recaudado 3.926 millones de euros, un 9,2 % más que hace un año.
La pregunta es inevitable: ¿Y nosotros qué recibimos a cambio?
Porque cuando el ciudadano paga más, espera algo tan sencillo como que las cosas funcionen mejor.
Que le atiendan cuando necesita un médico. Que una carretera esté en condiciones. Que conseguir una vivienda no sea una misión imposible. Que los servicios públicos respondan cuando hacen falta.
Y, sin embargo, demasiadas veces ocurre lo contrario: más recaudación, más gasto y los mismos problemas de siempre… o peores.
Aquí no está el problema en defender la sanidad pública, la educación pública o las políticas sociales. Todo eso forma parte de una sociedad que queremos mantener.
El problema aparece cuando confundimos Estado del bienestar con Estado del gasto. Porque gastar más no significa necesariamente gestionar mejor.
Y el dinero público no cae del cielo. Sale del bolsillo de los navarros, de sus nóminas, de sus negocios y de su esfuerzo. Por eso el Gobierno de Navarra debería hacerse una pregunta mucho más incómoda que cuánto ha recaudado:
¿Estamos dando a los ciudadanos unos servicios a la altura de todo lo que les estamos pidiendo?
Si la respuesta es sí, que lo demuestren. Y si la respuesta es no, quizá haya llegado el momento de dejar de mirar al ciudadano como una fuente inagotable de ingresos y empezar a mirar cada euro público como lo que realmente es: dinero de todos.
Navarra no necesita menos bienestar. Necesita que el bienestar funcione.
Y eso empieza por gestionar mejor, no por cobrar más.
