«Navarra ante el 29-N: entre el cambio y la responsabilidad»

El 29 de noviembre no se vota solamente quién ocupará un escaño en Madrid. También se vota quién va a sentarse allí para hablar de Navarra y trabajar por ella. Y detrás de cada papeleta hay algo mucho más sencillo que las siglas: la vida de la gente. El padre o la madre que necesitan una vivienda para su familia. La persona que espera una cita médica. El autónomo que hace números para llegar a fin de mes. El joven que quiere quedarse en Navarra. El agricultor que necesita que su pueblo siga teniendo futuro. Por eso estas elecciones importan.

Navarra elige cinco diputados y cuatro senadores. En un territorio con tan pocos escaños, cada voto cuenta para decidir cómo queda representada la Comunidad Foral en las Cortes Generales. En 2023, el PSOE obtuvo dos diputados y UPN, PP y EH Bildu, uno cada uno. Ahora el tablero vuelve a moverse y una de las decisiones que más atención está generando es la del espacio formado por UPN y PP. En las últimas generales concurrieron por separado y ahora tienen que decidir si vuelven a hacerlo o si buscan una fórmula de entendimiento. Más allá de las siglas, hay una pregunta muy sencilla: ¿qué estrategia permite que los ciudadanos que comparten determinadas posiciones tengan una representación acorde con sus votos?

En el actual contexto, y teniendo en cuenta que Navarra reparte solamente cinco escaños, parece razonable que UPN y PP exploren seriamente la posibilidad de acudir juntos. No porque tengan que renunciar a sus respectivas identidades, sino porque la política también consiste en saber cuándo las diferencias pueden quedar a un lado para defender objetivos compartidos. Además, no sería una fórmula desconocida: ambas formaciones ya han concurrido juntas en elecciones generales anteriores. Pero esa decisión no debería ocultar lo verdaderamente importante. Navarra necesita hablar de vivienda, sanidad, seguridad, impuestos, empleo, carreteras, industria, nuestros pueblos, nuestros agricultores y ganaderos y nuestros jóvenes.

Y necesita hablar también de algo que a veces olvidamos: cómo queremos relacionarnos entre nosotros. La política puede ser firme sin ser bronca. Se puede defender Navarra sin enfrentarse constantemente con todo el mundo. Se puede defender nuestro régimen foral y, al mismo tiempo, defender la Constitución que lo ampara. Se puede querer un cambio de Gobierno y entender que cambiar no significa lanzarse al vacío. Navarra puede querer un cambio y, al mismo tiempo, querer que ese cambio sea sensato; un cambio que no necesite gritar más fuerte que nadie, que no convierta al adversario en enemigo, que no dependa de los extremos y que sea capaz de defender principios claros y, cuando sea necesario, sentarse a hablar con quien piensa diferente.

Ahí está uno de los grandes retos del constitucionalismo navarro: encontrar espacios de entendimiento sin perder sus principios. Porque los navarros no viven dentro de un Parlamento. Viven en sus casas, o muchas veces en la casa de sus padres porque todavía no pueden permitirse otra. Van al trabajo, llevan a sus hijos al colegio, hacen la compra, pagan impuestos, esperan al autobús, acuden al médico, abren sus negocios y cuidan de sus mayores. Y seguramente muchos están cansados de que la política parezca siempre más preocupada por las trincheras que por resolver sus problemas.

Por eso sería bueno que esta campaña hablase menos de enemigos y más de soluciones. Menos de quién no puede sentarse con quién y más de qué se puede hacer juntos. Menos de consignas y más de responsabilidad. Menos radicalismo y más sentido común. El 29 de noviembre Navarra tendrá que elegir a sus representantes en las Cortes Generales, pero después de contar los votos llegará la parte verdaderamente importante: qué harán esos representantes con la confianza que hayan recibido. Porque representar a Navarra no debería consistir únicamente en levantar la mano en el Congreso o el Senado. Debería consistir en recordar, cada día, por qué están allí.

Por Navarra. Y por los navarros.

Publicaciones Similares