El poder no tiene derecho a poner etiquetas a los periodistas, y menos en democracia

Hay noticias que uno lee y vuelve a leer porque cuesta creer que puedan ocurrir en una democracia. ElConfidencial.com hoy nos revela una de las más graves, para mí, de nuestra historia reciente.

Me estoy refiriendo a la información conocida sobre el dosier elaborado en el entorno del Ministerio del Interior. Periodistas clasificados según su supuesta ideología, su posición ante Pedro Sánchez o su cercanía con el Gobierno. Nombres y perfiles que, sencillamente, no deberían formar parte del trabajo de un ministerio.

Porque una cosa es saber qué periodistas cubren Interior. Y otra muy distinta es ponerles una etiqueta política.

¿Desde cuándo tiene un Gobierno que saber si un periodista es “sanchista”, “antisanchista” o de izquierdas o de derechas para tratar con él?. La respuesta debería ser evidente: desde nunca.

Y aquí es donde las explicaciones de Marlaska y del Gobierno resultan difíciles de digerir. Que el ministro diga que no encargó el documento no resuelve lo verdaderamente importante. Al contrario, abre más preguntas: ¿quién lo pidió?, ¿para qué?, ¿quién lo elaboró?, ¿quién lo utilizó y quién tuvo acceso a él?

No estamos hablando de una anécdota administrativa. Estamos hablando del Ministerio del Interior.

Un Gobierno democrático tiene que aprender a convivir con periodistas incómodos. Con preguntas difíciles. Con titulares que no le gustan. Con medios que le critican. Eso forma parte del juego democrático y, de hecho, es parte esencial del mismo.

Lo que no puede hacer es mirar a quienes le critican como adversarios a los que hay que clasificar.

Desde La Tribuna Navarra lo tenemos claro: el Gobierno puede discrepar de un periodista, de un medio o de una línea editorial. Lo que no podemos aceptar es que el poder público convierta esas discrepancias en expedientes, listas o etiquetas.

Porque hoy puede ser un periodista que critica a Sánchez. Mañana puede ser cualquier ciudadano.

Y cuando el poder empieza a preocuparse más por señalar periodistas que ejercen la libertad de prensa en el ejercicio de sus funciones, tenemos un problema.

Uno muy serio.

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