«El PNV en Euskadi y Geroa Bai en Navarra, ¿dos varas de medir?»

Hay cosas de la política que cuesta entender. Y una de ellas es ver cómo el PNV mantiene una dura competencia con EH Bildu en Euskadi mientras, en Navarra, la coalición de la que forma parte, Geroa Bai, busca una y otra vez fórmulas para entenderse con la izquierda abertzale.

La última muestra la hemos conocido hoy. Descartada una candidatura conjunta de los socios del Gobierno foral al Congreso, Geroa Bai no da por perdida la posibilidad de acudir al Senado junto al PSN, EH Bildu y Contigo-Zurekin mediante una agrupación de electores. Su portavoz, Pablo Azcona, incluso ha reclamado «altura de miras» a sus socios para cerrar ese acuerdo.

Y aquí surge una pregunta que muchos navarros pueden hacerse: ¿por qué tanto empeño en pactar con EH Bildu y tan poca disposición a buscar entendimientos con opciones foralistas como UPN?

Es legítimo que los partidos busquen acuerdos electorales. Lo que resulta llamativo es que las diferencias que separan al PNV de EH Bildu en Euskadi parezcan quedar en un segundo plano cuando se trata de Navarra.

Geroa Bai puede defender que una candidatura conjunta al Senado sirve para unir fuerzas progresistas y frenar a sus adversarios. Así lo ha explicado su portavoz. Pero esa justificación no responde a otra cuestión importante: ¿qué proyecto común une a formaciones con diferencias políticas tan evidentes y qué compromisos se asumirían para sacar adelante esa candidatura?

Porque la política no debería consistir solamente en sumar siglas para ganar un escaño. También debería explicar qué se quiere hacer con él y qué principios se está dispuesto a defender.

En Navarra hay diferencias profundas a nivel identitario entre UPN y Geroa Bai. Nadie pretende ocultarlas. Pero discrepar no significa que sea imposible dialogar o alcanzar acuerdos sobre cuestiones concretas que afectan a nuestra comunidad.

La defensa del régimen foral, el desarrollo económico, los servicios públicos o las infraestructuras deberían permitir conversaciones más allá de los bloques habituales. Está demostrado además que ambos partidos en estos asuntos saben entenderse. Si se pide generosidad a EH Bildu y al PSN para construir una candidatura común, también cabe preguntarse por qué esa misma voluntad de entendimiento no se explora con otras formaciones. No para estas elecciones generales, sino para la confección de gobiernos municipales o del Gobierno de Navarra.

Navarra no es propiedad de un bloque político. Sus ciudadanos tienen sensibilidades distintas y merecen que se busquen soluciones pensando en el interés general, no únicamente en la aritmética electoral.

Geroa Bai tiene derecho a decidir con quién se presenta, pero los ciudadanos también tienen derecho a preguntarse por qué sus alianzas cambian tanto según el territorio y qué obtiene Navarra de ellas.

El PNV puede competir con EH Bildu en Euskadi y Geroa Bai puede defender acuerdos diferentes en Navarra. No hay una obligación de reproducir exactamente las mismas alianzas en ambas comunidades. Pero esa diferencia de estrategia merece una explicación política clara, especialmente cuando el entendimiento con la izquierda abertzale parece una prioridad recurrente.

La coherencia no consiste en pactar siempre con los mismos, sino en explicar qué principios guían cada decisión.

Navarra necesita diálogo, sí. Pero un diálogo abierto, sin vetos previos y sin dar por hecho que exclusivamente existe una combinación posible. Porque, al final, los acuerdos electorales pueden servir a los partidos, pero solo tienen verdadero sentido cuando sus compromisos responden a las necesidades de los ciudadanos.

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