«La vivienda no se arregla poniendo más obstáculos a quien alquila»

Mañana el Congreso votará dos decretos que afectan directamente a algo tan básico como tener un techo y poder pagarlo.

Y desde La Tribuna Navarra queremos decirlo claro: estamos en contra de ambos decretos tal y como están planteados.

No porque no nos preocupe la vivienda. Al contrario. Nos preocupa muchísimo. Nos preocupa la pareja que lleva meses buscando un piso y no encuentra nada. La familia que mira el precio de un alquiler y comprueba que se le va medio sueldo o más. El joven que quiere independizarse y no puede.

Pero también nos preocupa otra persona de la que se habla mucho menos. El propietario que tiene un piso y decide alquilarlo. Porque detrás de cada vivienda no hay, generalmente, un fondo de inversión.

Puede haber una viuda que heredó un piso de sus padres. Una pareja que compró una vivienda como inversión para complementar su jubilación. Una familia que tiene una segunda casa y la alquila para poder pagar la hipoteca de la primera. Personas normales. Personas que también tienen miedo de que algo salga mal.

Y si a esas personas les decimos que un contrato puede prolongarse durante años, que recuperar su vivienda puede resultar más complicado y que cada vez tendrán menos capacidad para decidir sobre su propia propiedad, no podemos sorprendernos después si algunas deciden no alquilarla.

Los decretos que votará el Congreso amplían la protección frente a determinados desahucios y permiten prórrogas extraordinarias de contratos. El Gobierno defiende estas medidas como una forma de dar estabilidad a los inquilinos. Pero la estabilidad de una familia no debería construirse a costa de generar inseguridad en otra familia.

El inquilino no es el enemigo del propietario. Y el propietario tampoco es el enemigo del inquilino. Los dos necesitan seguridad.

El que alquila necesita saber que podrá seguir viviendo en su casa. Y el que alquila su vivienda necesita saber que podrá recuperarla si realmente la necesita y que, si cumple la ley, estará protegido. Eso es sentido común.

Y hay algo todavía más importante: si queremos que bajen los alquileres, necesitamos más viviendas disponibles, no menos.

Hay que construir. Hay que poner suelo en el mercado. Hay que aumentar el parque público. Hay que perseguir la ocupación ilegal. Hay que actuar contra la especulación de quienes utilizan la vivienda como un negocio puramente financiero. Y hay que ayudar a las familias que no llegan a fin de mes.

Pero también hay que conseguir que un pequeño propietario no tenga miedo de abrir la puerta de su vivienda a un inquilino. Porque si conseguimos que miles de propietarios retiren sus pisos del mercado, habremos conseguido exactamente lo contrario de lo que necesitamos.

Y en Navarra, además, no podemos olvidar que tenemos un régimen foral y unas competencias propias en materia de vivienda. Las soluciones que se planteen desde Madrid deben tener en cuenta esa realidad. La vivienda no puede convertirse en una guerra entre propietarios e inquilinos. Aquí no sobra nadie.

Sobran, eso sí, las soluciones que enfrentan a quienes necesitan una casa con quienes pueden ponerla a su disposición. Porque al final hay una verdad muy sencilla: el inquilino necesita una vivienda y el propietario necesita seguridad.

Si queremos resolver el problema, debemos proteger a los dos y, estos dos decretos tal y como están planteados, no son el camino.

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