«Estoicismo y psicología: un diálogo entre la filosofía y el bienestar»
El estoicismo, nacido en la Antigüedad con autores como Epicteto, Séneca y Marco Aurelio,
vuelve a despertar interés en una sociedad marcada por la incertidumbre, la ansiedad, la
presión social y la necesidad de encontrar una mayor estabilidad interior. Su relación con la
psicología contemporánea resulta especialmente interesante porque algunas de sus ideas
anticipan cuestiones que hoy ocupan un lugar central en la psicoterapia.
Una de las conexiones más conocidas se encuentra en la terapia cognitivo-conductual.
Albert Ellis y Aaron Beck reconocieron la importancia de la tradición estoica para el
desarrollo de sus planteamientos. La idea fundamental es que nuestras emociones no
dependen únicamente de lo que sucede, sino también de la interpretación que hacemos de
los acontecimientos. Epicteto ya insistía en la importancia de examinar nuestros juicios
sobre la realidad.
Esta perspectiva tiene una aplicación psicológica evidente. Ante una dificultad, podemos
preguntarnos qué ha sucedido realmente, qué estamos interpretando y qué respuesta
podemos elegir. La terapia cognitiva ha desarrollado posteriormente procedimientos
científicos para identificar y revisar pensamientos y creencias que contribuyen al malestar.
Otro punto de encuentro es la conocida distinción estoica entre aquello que depende de
nosotros y aquello que no depende de nosotros. No podemos controlar completamente la
opinión ajena, el pasado, determinados acontecimientos o las decisiones de otras personas.
Sí podemos trabajar sobre nuestras elecciones, actitudes y respuestas. Esta perspectiva
puede ayudar a orientar la atención hacia ámbitos en los que realmente tenemos capacidad
de actuación.
Sin embargo, existe un importante riesgo de confusión. Ser estoico no significa reprimir las
emociones ni permanecer indiferente ante el sufrimiento. Entender el estoicismo como
simple dureza emocional sería una reducción de su pensamiento. De hecho,
investigaciones recientes distinguen entre esta concepción popular del «estoicismo» y la
tradición filosófica propiamente dicha.
Los estudios más recientes ofrecen resultados interesantes. Una investigación publicada en
2026 con 11.726 participantes encontró una asociación positiva entre las actitudes estoicas
y el bienestar, especialmente en dimensiones relacionadas con la atención, la virtud y las
fortalezas del carácter. Otro estudio de 2026 relacionó las actitudes estoicas con mayor
autoeficacia, resiliencia y bienestar, y con menores niveles de preocupación y actitudes
disfuncionales. Estos resultados son prometedores, pero son estudios correlacionales y no
demuestran por sí solos que el estoicismo cause una mejora psicológica.
La relación entre estoicismo y psicología, por tanto, no consiste en convertir una filosofía
antigua en una terapia moderna. Consiste más bien en reconocer un diálogo fecundo. El
estoicismo ofrece preguntas sobre cómo vivir, qué podemos controlar, cómo relacionarnos
con nuestras emociones y qué valores queremos seguir. La psicología aporta investigación
científica sobre los procesos mentales y las intervenciones que pueden favorecer el
bienestar.
Quizá ahí esté su mayor actualidad: el estoicismo no nos enseña necesariamente a
sentir menos, sino a relacionarnos de una manera más consciente y racional con
aquello que sentimos.
Resulta por lo tanto conveniente echar una mirada a los clásicos y recoger de ellos tanto
legado y aprendizaje que nos han dado. La psicología está muy presente en nuestras vidas
actualmente y podemos aprender a relacionarla con nuestras acciones cotidiana. Mucho
mejor si abrimos nuestros oídos a los padres de la antiguedad.
Fernando Ventura Basterrica, profesor de filosofía y psicología
