«Navarra, entre el ruido y las «no» explicaciones»
Hay días en los que tengo la sensación de que Navarra vive metida en una rueda de prensa permanente. Una declaración. Una réplica. Una contrarréplica. Y, cuando parece que ya está todo dicho, aparece otra rueda de prensa o un mensaje en X para explicar lo que ayer ya nos habían explicado.
Y mientras tanto, los navarros seguimos con nuestra vida. Con el alquiler, la hipoteca, el colegio de los hijos, las citas médicas o esa obra que lleva meses esperando. A veces pienso que, si las declaraciones solucionaran problemas, Navarra sería la comunidad mejor gestionada de España.
Pero no. Y entonces me pregunto: ¿hay algo que funcione bien?
Belate ya no es solo una obra
Belate ya no es simplemente una obra complicada. Hay informes, discrepancias, sobrecostes, actuaciones de la Oficina Anticorrupción y una investigación judicial que ha puesto el foco en la adjudicación dentro de una causa más amplia sobre contratación pública.
La Oficina Anticorrupción llegó a considerar la adjudicación nula de pleno derecho. Y precisamente por eso creo que hay que ser muy claros.
No se puede llamar corrupto a nadie sin pruebas y sin una condena. Pero tampoco podemos pedir a los navarros que miren hacia otro lado cuando hay dudas, informes e investigaciones que reclaman explicaciones.
Si todo se hizo bien, que se explique hasta el último detalle. Si hubo errores, que se reconozcan. Y si alguien tiene que asumir responsabilidades, que las asuma.
Lo que empieza a cansar es convertir cada problema, cada error o cada posible mala gestión del actual Gobierno en una batalla de titulares. Belate necesita luz. Toda la que haga falta.
Porque hablamos de dinero público. Y porque la transparencia no debería aparecer después de que insista la oposición, pregunte un periodista o intervenga un juez.
Vivienda sí, pero también planificación
Vamos ahora con la vivienda.
Miles de viviendas en Sarriguren. Bienvenidas sean. Navarra necesita vivienda y necesita que nuestros jóvenes puedan tener un proyecto de vida aquí, sin tener que marcharse a otras comunidades.
Pero las casas no vienen solas. Detrás de cada nuevo bloque llegan colegios, centros de salud, transporte, carreteras, servicios y, en definitiva, más necesidades para una población que también merece que se piense en el día después.
Por eso no entiendo que a veces parezca más importante anunciar una cifra que explicar cómo vamos a sostener ese crecimiento. Construir está bien pero planificar debería ser previo y obligatorio.
Hablar con los ayuntamientos antes de anunciar las cosas tampoco debería ser una heroicidad. Se llama lealtad institucional. Y, sinceramente, creo que como sociedad no estamos pidiendo demasiado.
Navarra no puede vivir en la incertidumbre
He puesto dos ejemplos recientes. Dos ejemplos que, cada uno a su manera, dejan encima de la mesa dudas sobre transparencia, planificación y, quién sabe, también sobre capacidad de gestión.
Y eso es precisamente lo que me preocupa. No podemos acostumbrarnos a vivir gobernados por la incertidumbre. No podemos estar pendientes cada semana de qué nuevo problema aparece, qué explicación toca dar o qué cambio de opinión van a disfrazar de nueva necesidad.
Y tampoco podemos olvidar que un Gobierno en minoría necesita apoyos parlamentarios para sacar adelante sus políticas. Pero esos apoyos no deberían convertir cada votación en un chantaje permanente en la que la estabilidad dependa de la sumisión constante.
Al final, los ciudadanos lo ven. Y lo entienden mucho mejor de lo que algunos creen.
Navarra necesita que quienes antes eran moderados vuelvan a serlo. No por el bien de ninguna sigla política, sino por el bien de una sociedad que ansía menos listas de espera en sanidad, mejores infraestructuras y conexiones y, en definitiva, poder vivir… no sobrevivir.
Julen Sesma, editor de LaTribunaNavarra.com
