«No podemos olvidar a José Javier Múgica»
Hay noticias que uno lee y necesita parar un momento.
La de Juan Carlos Besance Zugasti, condenado por asesinar a José Javier Múgica, pudiendo salir ahora de prisión de lunes a viernes, es una de ellas. El Gobierno Vasco le ha concedido el artículo 100.2, una modalidad que permite flexibilizar su régimen penitenciario y que, en su caso, le permitirá salir durante el día y regresar a prisión para dormir.
Pero hay algo que nos duele todavía más que la propia noticia. Que volvamos a hablar de Besance y tengamos que recordar quién fue José Javier Múgica.
Porque Múgica no era una cifra. No era simplemente «un concejal de UPN asesinado por ETA». Era una persona. Un marido. Un padre. Un vecino de Leitza. Un hombre que decidió participar en política y representar a sus vecinos y que pagó con su vida por hacerlo.
El 14 de julio de 2001, ETA colocó una bomba en su vehículo y lo asesinó. Besance fue condenado por aquel crimen. Y ahora, 25 años después, su asesino puede pasar buena parte de la semana fuera de prisión.
¿De verdad vamos a permitir que el paso del tiempo convierta aquello en una historia vieja que ya nadie recuerde? Porque eso es lo que más miedo debería darnos.
No que la sociedad quiera cerrar heridas. Es lógico. No que las personas que han cumplido las condiciones legales de su condena puedan avanzar hacia la libertad. Eso forma parte de nuestro Estado de Derecho.
Lo que no podemos aceptar es que para avanzar nos estén intentando obligar a olvidar. Y mucho menos que acabemos construyendo una sociedad en la que resulte más cómodo hablar de la reinserción del asesino que de la vida que le arrebató a su víctima.
COVITE ha cuestionado precisamente esta decisión y ha señalado que Besance sigue vinculado a la izquierda abertzale y que no ha mostrado un arrepentimiento real, público y verificable por sus crímenes. Aquí está la cuestión que deberíamos hacernos todos.
¿Qué significa pasar página? ¿Significa dejar de hablar de ETA para que determinadas personas puedan integrarse políticamente con absoluta normalidad? ¿Significa que nuestros hijos crezcan sin saber quién mató a José Javier Múgica, a Gregorio Ordóñez, a Miguel Ángel Blanco, a Tomás Caballero o a tantos otros? ¿Significa que dentro de unos años quede solamente la versión de quienes quieran presentar aquellos años como un conflicto entre dos bandos?.
No. No. No. Y no.
ETA asesinó. ETA amenazó. ETA quiso imponer una determinada idea política mediante el miedo y las pistolas. Y hubo personas que fueron asesinadas simplemente porque no pensaban como ellos.
Eso no es una opinión. Es nuestra historia.
Por eso preocupa tanto que, mientras los años pasan, el recuerdo de las víctimas vaya ocupando cada vez menos espacio y la normalización de quienes pertenecieron a aquella organización asesina ocupe cada vez más.
José Javier Múgica no puede volver a casa. Su familia no puede recuperar aquellos años. Leitza no puede devolverle a su vecino.
Y Navarra tampoco debería olvidar lo que significó que hubiera personas que tuvieron que mirar debajo de sus coches antes de arrancarlos, vivir con escolta o dejar su pueblo porque defender unas ideas que los convertían en objetivos.
Todo eso ocurrió. Y ocurrió aquí.
Por eso desde Navarra tenemos que decirlo alto y claro: la memoria de las víctimas no puede ser el precio de ninguna normalización política ni de una investidura.
Si alguien quiere hablar de convivencia, que hable. Si alguien quiere hablar de futuro, que hable. Pero que nadie nos pida para ello que olvidemos a los muertos.
Porque una sociedad puede perdonar. Puede superar el odio. Puede mirar hacia adelante. Lo que no puede hacer es olvidar quién fue la víctima y quién fue el asesino.
Y mucho menos permitir que, con el paso de los años, el asesino termine siendo un nombre normal en la calle mientras la víctima se convierte en una placa que casi nadie mira porque los cachorros abertzales las tapan con pintura.
José Javier Múgica merece que sigamos hablando de él. No por odio. Por justicia. Por memoria. Y porque Navarra no puede olvidar a quienes murieron por defender la libertad de todos.
