«Emergencias: el reto pendiente de nuestros municipios»

En mi iniciada trayectoria profesional en el ámbito de la gestión de las emergencias durante estos años hay frases que cuestan escuchar.


“¿Pero tengo que ir yo?¿Eso es responsabilidad del Ayuntamiento?¿En serio tengo que estar en un incendio forestal?”O quizá la más peligrosa de todas: “Ya irán los servicios de emergencia.”
Sí claro, evidentemente irán, es su trabajo. Bomberos, Policía local, foral, guardia civil, los servicios sanitarios, los técnicos competentes y todos aquellos recursos que deban movilizarse según el caso. Pero mientras llegan hay algo que a veces olvidamos: el municipio sigue siendo nuestro. Y cuando llegan, también.


El incendio o la emergencia sigue produciéndose en nuestro monte. El agua sigue entrando en las calles de nuestro pueblo. La carretera cortada sigue siendo la que utilizan nuestros vecinos. Las personas que necesitan información, ayuda o simplemente saber qué está ocurriendo siguen siendo nuestros vecinos y vecinas. Y el Ayuntamiento no puede desaparecer precisamente en ese momento y no se puede volcar toda la responsabilidad en aquellos servicios, como policía local que están atendiendo a dicha emergencia.


Lo digo desde una doble condición que inevitablemente marca mi manera de entender estas situaciones: como concejal de Seguridad Ciudadana y como técnico en Protección Civil y Coordinación de Emergencias.


He conocido la emergencia desde el terreno y conozco también lo que supone gestionar desde una administración local. Precisamente por eso creo que debemos hacer autocrítica, que de vez en cuando no viene mal. No para señalar a nadie, sino para mejorar.
Nos acordamos de las emergencias cuando ya tenemos la emergencia encima. Este es, probablemente, nuestro primer gran problema.


Ocurre algo grave, nos alteramos y entonces aparecen las reuniones, las llamadas, las compras urgentes, las peticiones de medios, los mensajes, los dispositivos extraordinarios y las preguntas sobre aquello que necesitamos. Pero algunas de esas preguntas deberíamos habérnoslas hecho seis o doce meses antes, porque una emergencia no empieza cuando alguien llama al 112. Sino
que empieza mucho antes y nos preguntaremos ¿Cuando? La respuesta es muy sencilla:


Empieza cuando conocemos qué zonas de nuestro municipio se pueden inundar. Cuando sabemos dónde tenemos riesgo de incendio forestal y consultamos sus datos. Cuando organizamos un evento al que acudirán miles de personas. Cuando conocemos qué carreteras
pueden quedar bloqueadas por una nevada. Cuando recibimos una serie de alertas meteorológicas.

Pero, sobre todo, empieza cuando teniendo esa información decidimos hacer el esfuerzo de plantearnos si hacemos algo con ella. Ahí comienza realmente la Protección Civil y la seguridad ciudadana.


Tenemos planes de emergencia, protocolos, planes de actuación municipal, documentos de seguridad. Todos ellos muy necesarios, pero eso no significa estar preparados. Únicamente en manos incompetentes, solo puede ser una herramienta para decir ,“Ya he hecho y cumplido”.


Hay una pregunta mucho más sencilla que deberíamos hacernos quienes tenemos responsabilidades municipales: Si mañana ocurre una emergencia, ¿sabemos realmente qué tenemos que hacer? Y no me refiero a lo que dice el PDF del plan, sino que hacemos nosotros los alcaldes o concejales, aquellos políticos que hemos sido elegidos para cuidar a nuestros ciudadanos.


Podemos tener un documento extenso, de 256 páginas explicando perfectamente cómo actuar ante una emergencia y descubrir, cuando llega el momento, que aquello que estaba escrito no se había probado nunca. Y entonces no tenemos un plan operativo. Tenemos papel.


“Ya irán los servicios de emergencia” Esta forma de entender las emergencias me preocupa especialmente. Y es verdad, para eso están. Pero convertir eso en una excusa para la pasividad y dejadez municipal es un error.


Un ayuntamiento no necesita montar su propio parque de bomberos, ni crear un pequeño servicio sanitario de emergencias. Tampoco un alcalde debe ponerse a dirigir la extinción de un incendio porque para eso existimos los profesionales técnicos.Pero eso sería tan irresponsable como lo contrario. Entre querer hacerlo todo y no hacer nada porque «ya vendrán» hay un espacio enorme. Ese espacio es precisamente donde la Protección Civil en el ámbito municipal tiene
muchísimo que aportar.


Y sí, el alcalde o alcaldesa tiene que estar. Hay que hablar de liderazgo político. Porque la gestión de una emergencia no es exclusivamente una cuestión técnica. Un alcalde no tiene porque
apagar un incendio, un concejal no tiene que coger una motosierra durante un temporal. Pero de ahí a pensar que nuestra responsabilidad termina haciendo una llamada hay un mundo.


El verdadero liderazgo en una emergencia casi nunca tiene una buena fotografía. A veces consiste simplemente en estar a las tres de la mañana pendiente al teléfono. En abrir una instalación municipal. En conseguir una máquina. En tomar una decisión difícil o sencillamente en decir: “¿Qué necesitáis?” Eso también es gobernar.


Hay otra pregunta que deberíamos hacernos los responsables políticos. Exigimos formación a policías, técnicos, trabajadores municipales y voluntarios.
¿Y nosotros?
¿Cuántos alcaldes y concejales conocen realmente el plan de emergencias de su municipio?
¿Cuántos saben qué responsabilidad asumirían si mañana se activara?
¿Cuántos han participado en un simulacro?
¿Cuántos saben qué recursos tiene realmente su Ayuntamiento?
¿Cuántos conocen dónde están sus puntos vulnerables?
¿Cuántos sabrían qué hacer si esta noche reciben una llamada diciendo que existe riesgo de evacuación?.


Aceptar un cargo público también significa aceptar que habrá días en los que nuestra responsabilidad no terminará al cerrar la puerta del Ayuntamiento.
Y quizá esos sean precisamente los días en los que más sentido tenga nuestra responsabilidad.
Llegamos entonces a otra realidad incómoda. Todo esto cuesta dinero.


Los vehículos cuestan dinero, las comunicaciones, los EPIS, la formación etc. disponer de recursos preparados para algo que esperamos que nunca ocurra puede parecer poco rentable.
Especialmente porque la prevención tiene un problema terrible en política: no luce.
Y quizá tengamos que empezar a explicar mejor eso. Porque nos preguntamos muchas veces cuánto cuesta comprar un vehículo, renovar unas comunicaciones, equipar a una agrupación o formar a nuestro personal. Deberíamos preguntarnos también alguna vez: ¿Cuánto nos puede costar no haberlo hecho cuando realmente hacía falta?


En definitiva: las emergencias no avisan, ni entienden de horarios laborales. Nuestra responsabilidad empieza mucho antes de que ocurran. Por ello, prevenir, prepararnos e invertir es clave. Gobernar también es estar cuando las cosas se ponen difíciles.


Javier Villanueva Aldave, Concejal de Protección Ciudadana en el Ayuntamiento del Valle de Egüés y técnico superior en coordinación de emergencias y protección civil.

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