«Convivencia democrática y otros asuntos»
Últimamente hemos podido ver una serie de noticias que, como mínimo, invitan a hacer unas pequeñas reflexiones, aunque uno ya no sepa por donde empezar. Es decir, desde la última vez que escribí se han producido manifestaciones y desclasificaciones relacionadas con Ceuta, una reforma de la ley electoral paralizada, algún varapalo sobre el interminable asunto de Belate, un informe educativo que no se si ha sorprendido a alguien y, por no perder costumbres, una vergonzosa excarcelación de un asesino. Una más.
Entiendan, por tanto, que resulta difícil seleccionar un tema en el que fijar la atención y, resulta aún más complicado entender como la sociedad es capaz de aguantar un grado tan fuerte de tensión. Parece que de nuevo se cumple esa máxima histórica nacional en la que la ciudadanía está muy por encima de su clase política.
Resulta inexplicable y vergonzoso tener que aguantar a ministros que insultan a ciudadanos particulares, periodistas y que realizan listas para clasificar en función de ideología. Y la situación empeora cuando son estos mismos personajes los que se llenan la boca hablando de convivencia democrática.
¿Convivencia democrática? Ese concepto se cumplió cuando en 1976 Adolfo Suárez llegó al Gobierno y encabezó una transición hacia una democracia que derivó en una alternancia de poder en 1982 de la mano de Felipe González. Esa España hizo un esfuerzo por entender las diferencias, por poner en valor el diálogo y por buscar la concordia entre posturas ideológicas enfrentadas entre sí.
Si ustedes creen que la situación actual cumple con alguna de esas características, me temo que vivimos en universos totalmente distintos. Este Gobierno ha buscado el enfrentamiento con el otro (con el distinto, pese a hablar todo el día de inclusión) desde que fueron oposición y algún personaje digno de Torrente defendió una moción de censura.
¿Y con quién fueron de la mano? Resulta curioso y no menos sorprendente, que lo hicieron con los mismos que buscaron dinamitar la convivencia de la Transición y la democracia. Con el brazo político de aquella organización que mataba por motivos ideológicos y que nuca creyó en el respeto a un sistema de acuerdos. Esas personas que salen de la cárcel sin arrepentirse y que son recibidos con honores pese a ser asesinos de niños (como en el caso de Parot).
Son ellos los que hablan de convivencia democrática. Y si cuestionas un planteamiento de la gran coalición de demócratas por la paz de los pueblos y las minorías, te conviertes en un fascista. Insisto, según los que abogan por la convivencia.
Como ven, resulta difícil fijar la atención en un tema. No hemos hablado de la corrupción económica, tan solo de la moral, y ya he excedido el límite de palabras que un alumno de la ESO podría leer.
Me gustaría terminar llegando a una conclusión: recuperar el espíritu del 78 debe ser el camino que nos asegure mantener la salud de nuestro sistema democrático. Debemos hablar entre diferentes, sin caer en el insulto y manteniendo unos principios morales básicos. Cualquier Gobierno, que pase estas líneas debería ser depuesto por mecanismos legales que la Constitución deberá contemplar. Vamos tarde.
Ricardo Pardavila Fradejas, licenciado en Historia y Patrimonio.
