«Floren Aoiz, condenado por colaborar con ETA, candidato al Senado por Bildu»

Hay familias en Navarra que todavía recuerdan dónde estaban cuando ETA asesinó a un padre, a un marido, a un compañero o a un vecino. Hay personas que vivieron durante años mirando debajo del coche, comprobando quién esperaba al otro lado de la calle o preguntándose si una opinión política podía poner en peligro a sus hijos. Para ellas, la historia de ETA no es una discusión del pasado. Es una herida que nunca terminó de cerrarse. Y no lo hará mientras el partido heredero de Batasuna no respete a las víctimas.

Por eso, la elección de Floren Aoiz como candidato de EH Bildu al Senado por Navarra merece una explicación que vaya más allá de un comunicado electoral.

Aoiz no es una figura nueva en política. Fue parlamentario foral y miembro destacado de la Mesa Nacional de Herri Batasuna durante los años de actividad de ETA. En 1997 el Tribunal Supremo lo condenó por colaboración con banda armada por la difusión de mensajes de la organización terrorista, aunque el Tribunal Constitucional anuló aquella condena en 1999 por considerar vulnerado el principio de proporcionalidad de la pena, pero no porque no llevara a cabo acciones de colaboración con la banda asesina. Ese matiz judicial debe respetarse, igual que debe conocerse su trayectoria política.

La pregunta no es si Aoiz tiene derecho a participar en política. La pregunta es qué representa su elección y qué explicación ofrece EH Bildu a los navarros.

Durante demasiado tiempo, las víctimas de ETA tuvieron que soportar no solo el dolor de perder a los suyos, sino también el aislamiento, las amenazas y la sensación de que algunos preferían mirar hacia otro lado. Ahora, cuando los partidos confeccionan sus listas electorales, la memoria de esas personas no puede convertirse en una nota al pie de página.

No basta con hablar de convivencia. La convivencia necesita memoria, claridad y respeto. Y eso exige explicar sin rodeos la relación que mantuvieron determinados dirigentes de la izquierda abertzale con el entorno político de ETA, así como la posición que mantienen hoy ante aquella historia.

EH Bildu ha decidido situar a Aoiz al frente de su candidatura al Senado por Navarra. Es una decisión política legítima dentro del marco democrático, pero también una decisión sobre la que los ciudadanos pueden pedir explicaciones.

¿Qué valoración hace hoy de su trayectoria? ¿Qué tiene que decir sobre los años en los que ETA amenazaba y asesinaba? ¿Qué mensaje recibe una familia que perdió a un ser querido cuando ve que un antiguo dirigente de Herri Batasuna y colaborador de ETA vuelve a ocupar un lugar destacado en una candidatura?

Son preguntas incómodas, pero no son preguntas injustas. La democracia no consiste únicamente en poder presentarse a unas elecciones. También consiste en asumir la responsabilidad de explicar el pasado, responder ante la sociedad y comprender que hay heridas que no se pueden tratar como si fueran simples diferencias entre partidos.

Navarra tiene derecho a mirar hacia delante. Pero avanzar no significa olvidar, ni convertir la memoria de las víctimas en una molestia que conviene apartar durante la campaña.

Quien aspira a representar a los navarros debe estar dispuesto a explicar su trayectoria. Y quien reivindica la convivencia debe entender que no puede construirse dejando a las víctimas al margen.

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